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Many Segura Corrochano, fundadora del Colegio Nuestra Señora de Santa María

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Ha muerto Many, una mujer extraordinaria que en el año 1952 – en el Paleolítico superior, como ella misma diría – fundó con Pepita Benítez el colegio Nuestra Señora de Santa María, en Madrid.

Juntas, pusieron en marcha en un pequeño centro situado en la calle Duque de Sevilla, un ambicioso proyecto educativo cargado de ilusión enfocado a proporcionar a sus alumnos una formación igualitaria completa capaz de integrar laicismo y espíritu cristiano; disciplina y amabilidad; rigor y amplitud de miras. Más tarde, gracias a su relación personal con artistas del grupo El Paso encargaron el proyecto de su nuevo edificio en el Parque del Conde de Orgaz al arquitecto Antonio Fernández Alba, que supo envolver cada matiz del espíritu del colegio en un edificio con el que ganó el Premio Nacional de Arquitectura.

Con el tiempo, el colegio ha evolucionado y ahora inicia, con mucha ilusión y una gran expectativa, una nueva etapa como Colegio Madrid/Fundación Santa María.

Ha muerto Many, nuestra profesora, la persona que a tantos de nosotros enseñó a mirar, a entender y a disfrutar del arte; esa imagen y esa voz que surgirán en nuestra memoria cada vez que nos encontremos ante un cuadro o una escultura que nos hable.

Ha muerto la persona con la que aprendimos el valor del respeto y del esfuerzo. Falleció el domingo 19 de diciembre de 2022, a la edad de 97 años; aun así, hasta el viernes anterior, cuando asistió a su última reunión, estuvo trabajando para sus alumnos y profesores, derrochando, como en tantas ocasiones, sensatez, sentido del humor y sobre todo esa enorme generosidad que siempre mostró hacia todos.

Gracias por todo lo que nos has dado, Many. Ha sido un privilegio para nosotros, como para tantos otros formar parte de la historia del Santa María.

Descansa en paz, te lo mereces.

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Xavier Aldekoa: “El periodismo, en esencia, no ha cambiado”

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Cuando Xavier Aldekoa (Barcelona, 41 años) era un niño, había un “cuento”, de aquellos que relataba su padre y representaba con sus hermanos, que sobresalía entre sus preferidos. Era una historia de Julio Verne, Un capitán de quince años, en la que el pequeño Dick, engañado, acaba encallado en la costa africana. Desde entonces comenzó a soñar con África, mucho ante de recalar en el continente, hace casi ya 20 años. “Para alguien curioso, no hay lugar mejor que África”, asegura ahora este ganador del Premio Ortega y Gasset a la mejor cobertura multimedia por Río Congo. Un viaje desde las fuentes a la desembocadura por el gran río de África, una serie de reportajes publicados en La Vanguardia entre noviembre y diciembre de 2022.

Aldekoa se define como reportero y defiende que, en esencia, el periodismo no ha cambiado, aunque sí la forma de hacerlo. Para el proyecto premiado, que incluye fotografías y vídeos, utilizó pequeños cuadernos que fue llenando durante los más de dos meses que duró la travesía por el río y un teléfono móvil “que me daba la calidad suficiente y me evitaba problemas con rebeldes o policías y permisos y no suponía peso añadido”. Aun así, cada vez que habla de la serie premiada, lo hace también del trabajo en equipo en el que destaca tanto al director del diario, Jordi Juan, que le dio tiempo y solo le pidió que no tuvieran que ir a buscarle, y de sus compañeros de infografía, vídeo y diseño “que se desvivieron” para que el proyecto saliera adelante tal y como el propio Aldekoa lo había soñado y diseñado. “Ha sido emocionante y bonito”, sentencia.

El viaje por los 4.700 kilómetros que recorre el Congo desvela la esencia de cada una de las Áfricas que hay en el continente, “luminosas, tenebrosas y cicatrizadas”, califica Aldekoa. “Es un río de extremos, generoso sin medida pero también hostil y violento sin medida”, añade. Todo ello está reflejado en los ocho capítulos del reportaje premiado para los que tuvo que negociar con rebeldes, viajar junto a 300 personas en una barcaza preparada para 50, escuchar las historias de las tribus, indagar en sus formas de vida y la incertidumbre de no saber si iba a poder completar el proyecto. “Fue un viaje muy intenso en el que, pese a lo preparado y diseñado que estaba, me obligó a improvisar constantemente”, relata. “Yo no buscaba una aventura, quería contar una región compleja”, resume.

Xavier Aldekoa tenía un objetivo: contar bien el Congo, que las historias fueran equilibradas, que reflejaran la belleza de la naturaleza y la generosidad de su gente además del peligro y el riesgo de cada una de las zonas. “Hubo momentos en los que pensaba que no podía, que no me quedaba más remedio que bajar los brazos”, rememora, pero el reportero se repuso a ellos hasta construir la historia de que le ha valido el Premio Ortega y Gasset del que el jurado destacó su relato “bien armado en el que todos sus elementos multimedia se integran a la perfección. Cada pieza es en sí misma es un contenido periodístico de valor y, en su conjunto, forman un relato de viajes transversal en el que se abordan temas tan diversos como el medio ambiente o la desigualdad”.

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Un mes después de la tragedia de Sallent: los vecinos ultiman una plataforma contra el ‘bullying’ en el municipio

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Sallent no quiere olvidar. El instituto Llobregat, donde estudiaban los gemelos de 12 años que saltaron hace un mes desde un tercer piso, ha celebrado este martes un acto de recuerdo a sus estudiantes: uno de ellos falleció y la hermana se recupera en el hospital de Sabadell. El acto se ha celebrado en el último tramo del horario lectivo de esta mañana en el patio del recinto escolar y era optativo para todos los alumnos. Aquellos que no han querido participar, han podido irse a casa.

El centro intenta recuperar la normalidad. Los espacios de recuerdo a los gemelos han perdido presencia, y los alumnos ya no saben dónde está el pupitre que utilizaba una de las víctimas, que sus compañeros llenaron de firmas y dedicatorias el día después de la tragedia. “Ahora existe un clima de normalidad”, asegura un estudiante de ciclos formativos a las afueras del centro. Tampoco hay rastro de los carteles que pegaron en la pared algunos padres reclamando saber qué ocurrió. Únicamente una pintura actualizada en un muro próximo al instituto da pistas de lo ocurrido: “Sallent libre de transfobia, racismo, clasismo y bullying”. La víctima mortal había verbalizado entre sus compañeros la intención de ser identificado como Iván, y sus amigos denuncian que otros jóvenes le llamaban Ivana. El Ayuntamiento, que atendía a la familias a través de sus servicios sociales, negó a EL PAÍS conocer la petición del menor, y no ha trascendido si el centro lo sabía.

El entorno de la familia mantiene públicamente un perfil bajo por consejo de los abogados, pero algunos vecinos pretenden conformar una plataforma transversal para “combatir la discriminación y el acoso escolar” en el pueblo, aseguran diferentes fuentes próximas. De momento son una cuarentena de personas, pero esperan que la cifra aumente a medida que se den a conocer. La asociación no está formalmente constituida, pero confían en presentarse oficialmente de aquí a pocos días y realizar una concentración de apoyo y recuerdo a la familia de los gemelos. El objetivo de la plataforma es claro: “Si se detecta un caso de acoso, intentaremos ayudar. Y también se quiere ofrecer asesoramiento y apoyo a los padres de alumnos víctimas de bullying”, comenta Serafín, uno de los miembros de la plataforma.

El Departamento de Educación, que inicialmente rechazó un contexto de acoso escolar, investiga ahora si las víctimas sufrieron bullying en el centro. La consejería trasladó la semana pasada al juzgado de instrucción “toda la información recopilada”, según avanzó la secretaria general de Educación, Patrícia Gomà. Son siete informes “confidenciales”, argumentó, realizados por la inspección educativa, la de servicios, la dirección del centro, la orientadora, la tutora, el equipo de asesoramiento psicopedagógico y la unidad de atención a las víctimas de violencias, en el que también se da voz a los alumnos. “El caso es muy complejo”, admitió Gomà.

Requerido el lunes para que actualizara el avance de la investigación, el Departamento se remitió a las palabras de Gomà y aseguró que no podría informar de nada más. El consejero de Interior, Joan Ignasi Elena, también eludió este martes concretar la cuestión en la rueda de prensa posterior al Consell Executiu: “Este tema está judicializado. No puedo afirmar o decir si existió bullying. Esto tiene que determinarlo la inspección y el juez, no yo”, ha dicho. El suceso, en todo caso, se ha llevado por delante al director, que no seguirá en la dirección el curso que viene.

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Alerta en Japón por el aumento de suicidios de menores, que alcanzan el máximo de su historia

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Japón se enfrenta a un número sin precedentes de suicidios de menores. En 2022 se quitaron la vida 514 estudiantes de primaria y secundaria, según la estadística del Ministerio de Sanidad, Trabajo y Bienestar de Japón publicada este mes. Dentro de ese grupo se contabilizaron 17 niños de 12 años o menos. Es la primera vez en que, desde que se empezó a recopilar la estadística en 1980, la cifra de menores sobrepasa los 500 casos. Aunque el total absoluto aumentó un 4,2% anual en 2022 hasta los 21.881 casos, Japón se encuentra lejos de su máximo histórico de 34.427 suicidios registrados en 2003.

El descenso de suicidios en Japón en las dos décadas pasadas equivale a un 40% y se atribuye al esfuerzo de organizaciones no gubernamentales como Lifelink (lazo vital, en inglés), fundada en 2004. “Pese al descenso generalizado, el suicidio de menores sigue en aumento y eso significa que las medidas de apoyo no son suficientes”, dice Yasuyuki Shimizu, que fundó Lifelink al terminar una investigación sobre niños que quedaron huérfanos por el suicidio de alguno de sus padres para un programa de televisión que dirigía.

Shimizu dejó el periodismo de investigación para dedicarse a un problema social que considera acuciante. En su opinión, la tecnología y las redes sociales han agudizado el problema, pues los mensajes, en casos de acoso escolar, persiguen a los niños las 24 horas. No obstante, los expertos recuerdan que el suicidio es siempre multicausal, sin un único detonante.

En Japón, donde se vive con un trasfondo del descenso de la natalidad y el envejecimiento de la población, la presión académica y el miedo al hostigamiento en las escuelas son algunos de los factores asociados con suicidios de niños, sobre todo al final de las vacaciones. También los conflictos familiares contribuyen a inspirar deseos de “querer desaparecer de este mundo”, continúa el experto. Otro factor es la violencia machista. “Muchos de los niños que nos consultan hablan de que su madre quiso quitarse la vida después de haber sido golpeada por el padre. Eso puede crear un ciclo”.

Lifelink recibe un promedio de 4.000 llamadas telefónicas y 3.000 mensajes de texto, de los cuales muchos son de menores. Los menores japoneses se familiarizan con el suicidio a través de la información recurrente sobre el tema, dice Shimizu, que descarta la percepción generalizada en occidente de que la cultura japonesa fomenta quitarse la vida por celebrar con su literatura y su cine actos como el harakiri o los pilotos kamikaze.

De hecho, según Shimizu, la percepción del suicidio como un problema que la sociedad necesita abordar sin tapujos lo ha normalizado, ha favorecido la discusión de leyes para erradicarlo, pero también hace que muchos niños lo vean como una opción para salir de sus problemas.

Aunque en Japón las noticias de la televisión nacional se decantan por eufemismos como “poner fin a la propia vida”, el suicidio es una estadística anunciada cada año en los medios, en las páginas web de ministerios, gobiernos regionales, la policía e instituciones que trabajan por la salud mental. Sin embargo, en la calle, “el suicidio sigue siendo una palabra tabú en las conversaciones, pese a que no recibe la categoría de pecado que le asignan religiones como el cristianismo o el islam”, explica Shimizu. “Los niños lo relacionan con la lástima o piensan que pedir auxilio (cuando se tienen pensamientos suicidas) es un incordio para los demás”, añade. Ese tabú también está en la escuela, pese a que en la sociedad japonesa se habla más del suicidio. “Cuando los niños puedan decir lo que piensan en su escuela y en su hogar, creo que la cantidad de niños que se suicidan disminuirá”, dice Shimizu.

Los medios de comunicación nipones suelen acatar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de omitir los métodos en las informaciones sobre suicidios. Aun así, en el caso de muertes de famosos, la forma de suicidio suele filtrarse en las redes sociales y su repercusión suele ser inmediata.

Shimizu enseña con gráficos los picos de suicidios que han tenido lugar después de que se diera a conocer el suicidio de un personaje famoso. En julio y septiembre de 2020, por ejemplo, los respectivos suicidios de un popular actor de 30 años y una actriz en la cuarentena, fueron emulados por personas de edades parecidas y duplicaron el número de muertes por mano propia en los días posteriores al anuncio de los dos casos.

Problema social y políticas públicas

Muchos japoneses relacionan el suicidio con la vergüenza y lo relegan a un problema individual de personas débiles. En 2006, con la ayuda de parlamentarios que escucharon los testimonios de niños que habían perdido sus padres por suicidio, Shimizu diseñó y logró que se aprobara la Ley Básica sobre Medidas para Contrarrestar el Suicidio, cuyo objetivo es transmitir el mensaje de que ayudar a las personas que piensan quitarse la vida es un trabajo que corresponde a la sociedad en su conjunto.

Tras fijar objetivos numéricos para reducir la tasa de suicidio a niveles similares a las de otros países industrializados, la Ley Básica produjo casi dos décadas de descenso de muertes por mano propia y propició una dinámica de colaboración que evita las trabas habituales entre organismos e instituciones y da prioridad a las soluciones. “Pero lo más importante es enseñar a los niños a enviar un mensaje SOS y hacerles tomar conciencia de que está bien hacerlo”, dice el fundador de Lifelink.

Justo durante el inicio de la pandemia, Shimizu se encontraba gestionando la creación de un organismo llamado Centro de Promoción de medidas contra el Suicidio de Japón (JSCP, por sus siglas en inglés) que hizo frente al aumento de suicidios durante el confinamiento y ayudó a paliar el cierre de centros de apoyo a causa de la pandemia. En enero de 2021, JSCP fue designado por la Organización Mundial de la Salud como “centro colaborador que aporta investigación y capacitación para la prevención del suicidio”. Entre sus objetivos figuran los intercambios académicos internacionales, exportar sus experiencias a otros países y crear una red global para medidas contra el suicidio.

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